Hormona cabrona

En este artículo voy a contarte toda la verdad sobre las dietas de moda. 

 

Las dietas hipocalorócias. 

Las dietas saludables. 

Las dietas no dietas… 

 

Todas. 

 

Y voy a descubrirte si todo lo que se habla sobre las dietas es joyita de la buena o es solo una ilusión. 

 

Veamos. 

 

Antes que nada quiero ponerte en situación. Porque no tiene ningún sentido empezar el cuento por el último capítulo. 

 

Probablemente no sepas que la primera dieta documentada en la historia se remonta al antiguo Egipto, hace más de 4.000 años. 

Se encontraron registros que describen una dieta especial prescrita para tratar enfermedades, específicamente relacionadas con problemas gastrointestinales. También se mencionaban restricciones alimentarias para condiciones como la obesidad, enfermedad del corazón y la gota.

 

 

Vamos… Que las dietas son más antiguas que la serie de cuéntame. 

 

 

Lo que empezó por salud y con el objetivo de mejorar enfermedades ha terminado siendo algo meramente estético. 

 

Porque no nos vamos a engañar… 

El primer pensamiento de ponerte a dieta suele ser porque quieres adelgazar y tener tipazo. 

 

No me digas que no. 

 

Así lo hice yo hace más de diez años. 

 

Y así me caí en el agujero y en la trampa. 

Pero esa es otra historia que te cuento otro día. 

 

 

Sigo. 

 

 

 

 

Solo tres motivos. 

 

 

Te voy a contar 3 motivos por los que quizás en algún momento de tu vida te hayas planteado hacer dieta. No porque sea la pitonisa Lola, si no porque esto que te voy a contar a continuación es lo que ha hecho que las dietas se hicieran tan famosas y que la gente quisiera probarlas. 

 

 

 

 

 

Factor uno: No te quedes fuera del rebaño. 

 

Ni tú ni nadie. Ya por pura supervivencia, a nadie le gusta sentirse desplazado. Y lo creas o no, lo pienses conscientemente o no, estar dentro de unos cánones de belleza socialmente aceptados asegura la “supervivencia”. 

 

Nadie ha querido ser jamás el gordito o la gordita del grupo. 

Hasta en las películas los niños con sobrepeso suelen interpretar papeles “graciosos” o de “fracasados”. 

 

 

Esto no es mi opinión, es una realidad y es hora de que empecemos a llamar las cosas por su nombre. 

A día de hoy, estar gordo/a es, para muchos, motivo de burla, de rechazo y de no tener éxito en la vida. 

 

Luego habrá gente a la que esto se la chifle un pingüino, evidentemente… 

 

Conozco casos en los que no quieren perder peso para que no les quiten la paga de la seguridad social. 

 

“Jurao”.

 

Pero si la industria de la belleza te está metiendo por los ojos constantemente que tienes que tener tipazo y que estar gordo es algo feo y malo, tú y los aproximadamente 7,9 mil millones de habitantes de este Planeta que quieren continuar dentro de la Matrix no querrán quedarse atrás. 

 

 

 

 

 

 Factor dos: Los que quieren dinerito a costa de tu talón de aquiles. 

 

 

La industria de la belleza y los productos adelgazantes factura una barbaridad de “eurillos” a costa de personas insatisfechas o inseguras con su imagen corporal y su autoestima. 

 

Te lo venden bonito, rápido y sencillo. 

 

Te dicen que es lo que necesitas para ser feliz y estar bien. 

 

Sin esfuerzo. Pagas y verás los resultados. 

 

Esto es muy atractivo, porque al cerebro humano no le gusta para nada esforzarse. 

 

¿Sabes eso de conducir hasta casa y ni darte cuenta de cuántos semáforos has pasado? 

 

Pues si se te planta un señor delante y te dice que tiene una poción mágica que hace que al tomártela te vas encoger como Alicia en el país de las Maravillas, ¿quién quiere ponerse a correr detrás de una zanahoria? 

 

Recibes tanta publicidad al cabo del día que es casi imposible no pensar en adelgazar y en utilizar algún método o producto milagroso. 

 

 

 

 

 

Factor tres: Tengo la solución baby, y la tengo ya. 

 

 

Los resultados rápidos. Eso es lo que prometen la mayoría de las dietas. 

 

Ponte a comer manzanas durante una semana y verás como pierdes peso. 

Desayuna un vaso de agua con naranja o muérete de hambre durante 16 horas y verás que te quedas fina filipina. 

 

Es paradójico que el ser humano sea tan masoquista hasta llegar al punto de sacrificarse muy mucho durante unas semanas solo por ratear unos kilillos que probablemente ha acumulado durante meses o años. 

 

Las dietas triunfan porque prometen darte lo que quieres en poco tiempo. 

Si te dijeran que tienes que estar un año entero a zumos de piña, apio y manzana otro gallo cantaría amiga. 

 

Vale.

 

Lo que tú digas. 

 

 

Pero, ¿Funcionan realmente las dietas o no?

 

 

 

Pues como decía Jarabe de palo “depende”. 

 

La pregunta que yo te haría ahora sería ¿Funcionan para qué? 

 

Si la respuesta es funcionan para alterar tu sistema nervioso, estresarte y desquiciarte… Pues sí funcionan. 

 

Si funcionan para estar más irritable de y mal humor, pues sí funcionan. 

 

Si la respuesta es que te sientes la oveja negra del rebaño porque todos se van el fin de semana de tapas y tu te quedas con tu tupper o tu porción de pizza y tu ensalada porque hoy toca “cheat meal” (comida trampa), pero miras de reojillo las patatas bravas que se está zampando el otro, pues sí funcionan para eso también. 

 

 

Vamos a ver. 

 

 

Una dieta entendida como régimen… o sea una dieta basada en la restricción calórica y sustentada bajo unas normas tipo… Solo puedes comer 2 patatas un trozo de carne y un yogur…

 

Te puede funcionar durante dos semanas, un mes… o si me apuras tres meses. Pero eso solo sirve para hacer un cambio radical en tu forma de alimentarte y alterar así la composición de tu cuerpo. 

 

Pero es fictício. 

 

No es real. 

 

Y ahora te cuento por qué. 

 

 

 

 

Para empezar, las estadísticas nos dicen que más del 80% de las personas que intentan hacer dieta, después recuperan el peso perdido y además viene con premio. 

 

El famoso efecto rebote. 

 

 

Así que el resultado no es real.

 

Y tú dirás “pues yo lo hice una temporada y me fue bien”.

 

No te empeñes, enserio… Lo que solo funciona una temporada es que no funcionan amiga. 

 

Ahí está el engaño. 

 

 

 

Te lo digo yo que he hecho unas cuantas y que el 99% de las personas que entran en mi consulta han hecho previamente al menos una dieta sin conseguir resultados duraderos. 

 

Y entonces ¿Qué hay que hacer?

 

 

Pues lo primero averiguar qué relación tienes contigo misma y con la comida. 

 

Saber si tienes ansiedad o no cuando comes. 

 

Si tienes muchos antojos y el por qué los tienes. 

 

Y por supuesto analizar el resto de hábitos que influyen en el peso corporal que nada tienen que ver con la comida (el descanso, el equilibrio emocional, el movimiento físico, entre otros). 

 

 

 

Si quieres saber más sobre esto, puedes seguir leyendo por mi web. 

 

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Prácticamente cada día mando un mail con información valiosa que no encontrarás en redes sociales. 

 

Y para que vayas haciendo aperitivo, por si no llegas al de hoy, tienes un audio en el que te cuento algo que si la gente supiera ahora mismo dejaría depender el tiempo intentando gastando cantidades absurdas de dinero por “soluciones” adelgazantes. 

 

 

Si la gente supiera esto…

 

 

Pd: Mira arriba.

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Hay más vida aparte de la ensalada y los ejercicios "quema-grasa"

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